POESÍA
Pobres palabras
Pobres palabras
que atizáis a todas horas
las pavesas del recuerdo.
Dejad de hablar en mi conciencia.
Permitidme, al menos hoy,
un instante de silencio.
Pobres palabras,
qué poco os parecéis a un beso,
a un abrazo,
a la caricia de unas manos
en las mañanas de invierno.
Sois al amanecer
renovado elixir de vida
y al llegar la noche,
veneno podrido
del intelecto.
Pobres conjunciones,
limitados adjetivos,
ridículos verbos,
aburridos acentos.
Frases siempre incompletas
encerradas en siglos de discursos,
homilías, conferencias, poesías,
novelas, canciones, cuentos…
Sí, pobres poetas, predicadores,
intelectuales, pensadores,
cantautores, influencers.
Pobres todos los que intentamos
resolver el enigma del amor
sin saber cómo es un beso.
Jamás, por mucho que lo intentéis,
podréis describir un beso
capaz de parar la respiración,
de congelar el tiempo,
de cambiar el rumbo de la historia,
y poner un nombre, un peso,
con su infinita medida
a la vida y a la muerte.
Sin teorías, con hechos.
Qué desproporción.
Qué milagro.
¡Un beso!
Qué diferencia decirlo a serlo.
Dejar de ser palabra,
imagen, deseo…
Pobres palabras,
si queréis hablar no digáis nada.
Que hable la voz del alma.
 
30 enero 2020
© Miguel Ángel Blázquez
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