REFLEXIONES
Tanatorio no, gracias
Yo le tengo respeto a la muerte pero miedo no. Miedo tengo a lo que puedan hacer los que quedan en vida con mi cuerpo ya incapaz de salir corriendo. Imaginemos que he muerto y que dispongo de una casa en la que mis familiares, amigos e incluso enemigos arrepentidos, en ese último momento en el que se olvidan las rencillas, puedan ir a velar mi cuerpo. Pues ya está, dejadme allí que tampoco es para tanto. Lo que sí os pido como deseo último es que no me llevéis al tanatorio de la M-30. Ni a ese ni a ninguno.
No me hagáis eso cuando no pueda ponerme la chaqueta y largarme a tomar unas cañas. Abrid la nevera y serviros vosotros mismos pero en casa, en un sitio en el que no huela al humo espeso y asfixiante de la desesperación o la indiferencia que se concentra a las puertas de las salas del tanatorio. Sé que es lo que se hace ahora pero ¡¡conmigo no!!
Yo quiero descansar en paz y en mi casa. Si los que habiten en ella os lo permiten, también os podéis llevar lo que queráis, mis libros, mis ropas, mis botellas de vino, mis muebles… en definitiva podéis dar fe del dicho, «el muerto al hoyo y el vivo al bollo» porque nada de eso es mío ya. Recordad que estoy muerto.
No vengáis a llorar y a llenar la casa de pena que tampoco es para tanto. Si Dios quiere os habré dejado una buena cantidad de textos y de recuerdos para que disfrutéis, os cabreéis, murmuréis y, por qué no, os alegréis ese día, porque ya os digo que ese, es el gran día de mi vida.
Celebradlo, no como los americanos para silenciar el dolor y dejarlo bajo la alfombra de esparto en la que aún dice “Wellcome Neighbor”, no, celebradlo como hombres y mujeres de fe, dando gracias por mi vida y estando alegres y quien llore que llore de felicidad. Yo he estado siempre en la cuerda floja pero mi último pensamiento en la prueba que es la vida ha sido siempre para el Señor y por eso ahora estoy en la Gloria, porque he ido a encontrarle. Insisto, estoy muerto.
El ataúd si os lo podéis evitar mejor. La pasta de la caja de pino os la gastáis en una buena comida y en buenos vinos. Dejadme morir en una cama, como antes, en una habitación con mucha luz para que podáis ver que mi cuerpo y la materia son nada en comparación con el espíritu que ya vive para siempre. Que mi carne fría e inerte os permita reconocer que hay un corazón que no muere, un alma que ya está con Dios. Que mis manos huesudas os hagan pensar en el esfuerzo de mi trabajo o en el placer de mis caricias. Que fueron mis dedos ahora inmóviles los miembros por los que pasó al papel o al teclado todo lo que os dejo escrito, pensad lo que queráis pero no me llevéis a la galería comercial de los que ya somos fiambre por favor.
Que mi cuerpo flácido y descolgado os invite a pensar en lo que somos, necesidad de algo que no muere, algo que no decae pero que aún yacente e inservible merece un respeto y el tanatorio es el lugar más feo para llevarme, a mí, que he vivido siempre buscando la belleza.
Así sea.
P. S. Que alguien se acuerde de sacar las litronas del congelador!!!!!

28 noviembre 2017
© Miguel Ángel Blázquez
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