MOMENTOS
Un día con Cernuda
No soy supersticioso. Todo sucede por y para algo pero lo que me ha pasado con Cernuda es cuando menos inquietante.
Situémonos. Agosto 2018. Un pueblecito de Cantabria. Alastair Carmichael, el flemático inglés friki del libro viejo me da vía libre para trastear por su casa/biblioteca. Paso horas buscando libros, Salinas, Bécquer, Rimbaud, Unamuno, Verlaine, Baudelaire y… de repente un título me atrapa. La realidad y el deseo, de Luis Cernuda. No pude comprarlo. Era una primera edición y mi presupuesto para libros es relativo pero me quedé con la copla. No había leído a Cernuda y ese título me enganchó.
Hace unos días, cabreado en la sección de poesía de la Casa del libro, intentando sacar algo en claro de la nueva «pornoesía» que ha inundado las mesas de novedades de las librerías vuelvo con la mirada a la estantería de los poetas de verdad y encuentro a Cernuda. Antología Poética. Como si necesitara respirar, agarro el tomo y salgo corriendo hacia la caja. Más calmado y bajo la lámpara empiezo a descubrir quién es el tal Cernuda. Tras una soberbia introducción de Ángel Rupérez, cautivado ya por la vida del poeta que no aceptaba ser encajonado en la generación del 27, comienzo, un 15 de noviembre de 2018 a vivir sus primeros versos. Deliciosos, inquietantes, necesarios para mi vida, mi alma y mi obra. Los recito en alto, en el silencio de la soledad, sentado en un poyo de piedra, a eso de las 15:40h ante un espectáculo sin adjetivos como el Valle de Valsaín preñado de colores de otoño, consciente de que un par de horas más tarde el gris de Madrid sería mi horizonte.
Ya en la ciudad, paseando por el barrio de Salamanca, me detengo ante un escaparate decadente con un cartel colgado en la puerta que reza «Liquidación por cese de negocio». Marcos de fotografías, muebles viejos, pashminas italianas, collares de la India y una señora al fondo, vieja también, esperando a que entre algún cliente. Pregunto si tiene libros como acostumbro a hacer en estas tiendas. Siempre encuentro algo interesante pero tras ojear y hojear algunos de los ejemplares que me mostró la tendera, desisto en mi búsqueda y me dirijo a la puerta. Con el picaporte en la mano, la señora grita ¡Espere señor! aquí tengo algunos más. Retrocedo y voy sacando uno a uno, meticulosamente, los tomos que yacían en un viejo secreter de estilo francés. Enciclopedias, novela romántica, Evangelio 2015… mi depresión va en aumento hasta que palpo un volumen azul de tapa dura con un título que cuando menos me interesa. Poetas de los siglos XVI y XVII. 
– ¿Qué precio tiene este libro señora?
– 5 euros, ya ve que estamos saldando. Con tal de quitármelos de encima…
– Me lo quedo.
Saco un billete y me voy con mi reliquia. Vuelvo a abrirlo calle abajo y un sudor frío me paraliza. En la portadilla que no había visto está escrito en un tenue azul: Luis Cernuda. 4 Octubre, 1932. ¡¡No puede ser!!. Algún gracioso que toma notas de estudio, una coincidencia de otro Luis Cernuda que tenía ese ejemplar, ¿será 1902? si es así no es posible porque es el año en que nació… todos ellos pensamientos que negaban la remota posibilidad de que ese libro pudiera ser en realidad del poeta Luis Cernuda.
Primera comprobación en internet: la firma es igual. Segunda comprobación: las fechas, son viables. Cernuda tenía 30 años cuando firmó ese ejemplar (Se traslada luego a Madrid en 1929 y allí, desde 1930, trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta) según Wikipedia. Tercera comprobación: llamo a Alistair, que sabe más que muchos españoles de Cernuda y de estas cosas y tras mis explicaciones me pide comprobar si el trazo es de tinta de estilográfica o bolígrafo. ¡¡¡¡¡Es tinta!!!!! En base a su experiencia y sin ver el libro, afirma que el ejemplar es prácticamente seguro de Cernuda y concluye sus alegaciones diciendo «Si alguien te quisiera engañar con un ejemplar falso, te pediría mucho más que 5 euros».
Me convence. Ahí lo dejo. Esta es la magia de los libros y de los poetas que vivieron para la poesía y no de la poesía. 
Jamás pensaría que iba a encontrarme con el mismo Cernuda en Madrid un 15 de noviembre de 2018. 

© Miguel Ángel Blázquez
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